
Crisis y deslegitimación en el Sindicato de Seguridad UPSRA
La situación interna del Sindicato de Seguridad UPSRA atraviesa uno de sus momentos más críticos en las últimas décadas. Tras la difusión en distintos medios de los polémicos procedimientos preventivos de crisis, la organización se encuentra sumida en un escenario de incertidumbre, fragmentación y fuertes disputas internas.
Acuerdos a espaldas de los trabajadores
En los últimos días trascendió que estos convenios habrían sido firmados por abogados vinculados a la conducción sin el aval del Consejo Directivo. Dichos acuerdos benefician a más de 200 empresas, que logran así evadir cargas sociales y reducir aportes previsionales, precarizando directamente a los trabajadores. El impacto es profundo: jubilaciones desfinanciadas, pérdida de asignaciones familiares, recorte en vacaciones, aguinaldo y feriados.
A la par, las últimas paritarias incorporaron un 47% del salario en negro, lo que refuerza la contradicción entre el discurso de “defensa de los derechos laborales” y la práctica de firmar acuerdos a la baja que consolidan la competencia desleal en el sector.
La responsabilidad de la conducción
Fuentes gremiales señalan que el propio secretario general, Ángel García, junto a un núcleo muy reducido y de carácter familiar, es quien estampa la firma en los procedimientos preventivos de crisis. Esta situación demuestra que García no desconoce las consecuencias de estos acuerdos ni el daño que generan en la actividad y en los trabajadores.
Interna feroz y filtraciones
Dentro del propio Sindicato de Seguridad UPSRA, la crisis también se expresa en su interna. Un sector de delegados incorporados en los últimos años en distintas provincias es señalado por los viejos cuadros como responsables de filtrar información hacia la prensa. Esto alimentó la desconfianza y abrió una disputa entre las distintas facciones, en la que un tridente de dirigentes intenta quedarse con la conducción a cualquier costo.
En paralelo, los pocos delegados que intentan realizar inspecciones y reclamos legítimos “remarían contra la corriente”, ya que la mayoría de las denuncias nunca llegan al Ministerio de Trabajo ni derivan en sanciones a las empresas.
Una renovación vacía
Las figuras que se presentan como “renovación” dentro del gremio también están cuestionadas. Aunque prometen un cambio en la actividad, en los hechos son parte de los mismos acuerdos de crisis que golpean a los trabajadores y favorecen a las patronales.
La incoherencia se repite: por un lado, se muestran como interlocutores de un sector que necesita modernizarse; por otro, sostienen convenios ilegales que perpetúan la precarización y minan la credibilidad de la organización.
El fin de la legitimidad
Las últimas elecciones expusieron la falta de legitimidad que arrastra el gremio en los últimos 20 años. Para amplios sectores, el Sindicato de Seguridad UPSRA ya no representa a la mayoría de los trabajadores y se ha convertido en una estructura corroída por acuerdos espurios y luchas internas.
Frente a este panorama, distintos referentes sostienen que la reconfiguración de la representación sindical en la seguridad privada es inevitable. Nuevos exponentes, con mayor trayectoria, coherencia y respeto entre las bases, comienzan a perfilarse como alternativas frente a un modelo gremial agotado.